Estamos a las puertas de perpetuar el «genocidio» de los pueblos originarios

Vamos a estar claros. El genocidio de los pueblos indígenas o pueblos originarios comenzó con la conquista de América toda, desde Canadá hasta La Patagonia, por parte de los llamados “colonizadores” que llegaron principalmente de Europa. El exterminio fue tan evidente que quedó recogido en la literatura mundial y en el caso de Venezuela se pretende recordárnoslo cada 12 de Octubre como el Día de la Conquista de América.

Pasados ya varios siglos, el periodista inglés Norman Lewis, escribió un libro memorable en 1988: Misioneros. Dios contra los indios. Se trató de un documento muy revelador (hoy descatalogado) donde se describen prácticas criminales por parte de misioneros evangelistas norteamericanos con las comunidades indígenas de América del Sur.

Parte de aquellas reseñas habla de que “Una nueva hecatombe se está produciendo por obra de aquellos a quienes la sociedad considera como garantes de los derechos de los más débiles: los misioneros. De Guatemala a Paraguay y de Bolivia a la cuenca amazónica las sectas evangelistas norteamericanas actuan con inmunidad y letal eficacia. Arrastrados por un celo fanático e ignorante y en connivencia en muchas ocasiones con intereses económicos y estratégicos por completo ajenos a las sociedades indígenas, los misioneros logran en tiempo récord la aculturización de los nativos, paso previo a una desorientación vital y a una apatía generalizadas, lo que, más temprano que tarde, desembocaba en patologías que segaban la vida de sociedades enteras”.

La desnutrición es una de las pandemias más lamentables que sufren los Yanomamis en Venezuela y Brasil

Años antes (1969) ya Lewis había publicado en la revista británica The Sunday Times un extenso reportaje en el cual daba también detalles del exterminio de los pueblos indígenas en Brasil. El título de la entrega: Genocidio, y causó una oleada de indignación tan grande que llevó al nacimiento de Survival International una ONG que se encarga de amplificar la voz indígena y asegurar que es escuchada. “Trabajamos en colaboración con los pueblos indígenas para hacer campaña, presionar y protestar por sus derechos territoriales”, se lee en su página web.

Genocidio perenne

El atroz genocidio “silente” que se vive en América del Sur ha trascendido el tiempo. Hoy en día los asesinatos y desplazamiento forzoso de los pueblos originarios son el pan de cada día. Lo más lamentable de todo es que se hace a la luz de las autoridades y los propios presidentes de los países, quienes incluso han tenido el tupé de “desconocer” que existen, como es el caso del presidente de Argentina Alejandro Fernández quien dijo: “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de Europa. Así construimos nuestra sociedad”.

En el caso de Venezuela el principal escenario viene dado de la mano de la minería “legal” e ilegal que se ha instalado al Sur del Orinoco. En diciembre de 2021, el Observatorio para la Defensa de la Vida (Odevida) publicó el informe Ecocidio y violencia: panorama del extractivismo en Venezuela, en el que denunció que entre 2013 y 2021 un total de 32 líderes indígenas y ambientales fueron asesinados. En 21 de ellos por sicarios o miembros de organizaciones guerrilleras colombianas, y otros 11 por miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Tal y como se tratara de una “Crónica de una muerte anunciada” muchas organizaciones ambientalistas, de etnias indígenas y de derechos humanos han advertido y denunciado desde el 2016 las consecuencias de la aprobación y la activación de las actividades extractivistas en los territorios del Arco Minero del Orinoco (AMO).

No en balde el reciente Informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela se centró en dos temas prioritarios en sus investigaciones: a) los crímenes de lesa humanidad cometidos a través de estructuras e individuos pertenecientes a los servicios de inteligencia del Estado como parte de un plan para reprimir a personas opositoras al régimen; y b) la situación de los derechos humanos en la región del Arco Minero del Orinoco y otras áreas del estado de Bolívar.

Un reciente reportaje de Cambio 16 detalla que entre 2012 y 2021, la Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía supo de 151 personas desaparecidas en los territorios mineros de Bolívar. 111 son hombres y 40 mujeres. “Los responsables de las masacres son los llamados “sindicatos” (bandas criminales), los grupos guerrilleros colombianos que actúan en la región y los cuerpos de seguridad del Estado que dirige directamente Nicolás Maduro como lo ha denunciado la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU”, se lee textualmente.

Igualmente revela cómo también los defensores y defensoras ambientales e indígenas han sido víctimas de hostigamiento y represalias por denunciar los abusos y daños producto de la explotación de recursos naturales en el Arco Minero del Orinoco y otras zonas del país. Se basaron en documentos y denuncias hechas en el 2020 por no menos de 174 organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil venezolana.

Los Pueblos Originarios han sido desplazados de su hábitat natural debido a la minería y la deforestación

Cabe destacar que este genocidio silente tiene otras aristas que van más allá de la violencia pero que igualmente terminan siendo letales para nuestros pueblos originarios. Por ejemplo el envenenamiento paulatino al que se ven expuestos debido a la contaminación de los ríos y cualquier fuente de agua que tengan a la mano por el uso del mercurio (o cianuro) en la minería. Los alimentos como son el pescado o vegetales que siembran también terminan contaminados. Las enfermedades como VIH, malaria, tuberculosis, hepatitis y más recientemente Covid. Uno de los últimos reportajes de Survival habla de la muerte de niños y ancianos yanomamis por malnutrición, que en caso de Brasil avanza a un ritmo 191 veces superior que la media. “El número de niños yanomamis menores de cinco años que mueren por enfermedades evitables es 9 veces mayor que la media nacional”, se lee en la nota.

Survival International ha protestado ante las autoridades venezolanas por el asesinato de los cuatro yanomamis (marzo del 2022) que reclamaban acceso a internet. La ONG exigió que los militares sean juzgados y condenados por los asesinatos. Muchas han sido las acciones que se han llevado a cabo para visibilizar esta situación a nivel internacional, como la que se realizó este mismo año ante la embajada de Brasil en Londres, cuando varias ONGs y representantes de la sociedad civil protestaron contra la minería ilegal, la tala de árboles y las apropiaciones de tierras indígenas. Mientras tanto, la historia se sigue escribiendo con la tinta roja de nuestros pueblos originarios.

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